José Sarmiento Bravo, Director General in Memoriam

‘Una pérdida continental’; Amado Nervo, centenario luctuoso


CIUDAD DE MÉXICO.

“Amado Nervo, el representante más alto de la poesía nacional, acaba de morir en Montevideo”. Así dio a conocer Excélsior, el domingo 25 de mayo de 1919, como nota principal, la noticia del fallecimiento inesperado, a los 48 años, del poeta nayarita Amado Nervo (1870-1919) en Montevideo.

Ese domingo, un dibujo del rostro del autor de La amada inmóvil y En paz, donde aparece sonriente y tranquilo, hecho por Ernesto El Chango Cabral, que ilustraba la noticia desplegada a ocho columnas, fue la única imagen de la portada.

El Periódico de la Vida Nacional informó que el Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario de México en la Argentina, Uruguay y Paraguay murió de manera repentina el sábado 24 de mayo, a las 9:35 de la mañana, tras su participación en el Congreso Internacional del Niño, que se llevaba a cabo en la capital uruguaya. “La desaparición del prestigiado poeta es tanto más sensible, cuando que era el indicado para lograr el acercamiento Latino-Americano”, se leía.

Esta primera nota, con la que comenzó la cobertura inédita de los seis meses que tardó la repatriación de los restos del también novelista y cuentista, termina con la frase: “México ha perdido a uno de sus más preclaros hijos”.

Considerado como uno de los principales representantes del Modernismo, “una verdadera gloria hispanoamericana” y “Príncipe de las Letras Hispanoamericanas”, el deceso del ensayista y dramaturgo fue calificado como “Una pérdida continental irreparable”.

Excélsior realizó una cobertura puntual —mostrando el “moderno y excelente servicio de cables” que tenía hace un siglo— desde la salida del féretro con los restos de Nervo en el crucero Uruguay, su paso por los puertos Pernambuco (Brasil), Trinidad, La Guayrá (Venezuela), Kingston (Jamaica) y La Habana (Cuba), hasta arribar a Veracruz, escoltado por el navío argentino Nueve de Julio, el cubano Patria y el mexicano Zaragoza.

El cuerpo del autor de la novela El donador de almas fue recibido por unas 200 mil personas en la Ciudad de México, el 14 de noviembre de 1919, según las reseñas, quienes lo acompañaron rumbo a la entonces denominada Rotonda de los Hombres Ilustres.

La cobertura siguió todo noviembre. El famoso bardo inspiró la noticia principal del diario en cinco ocasiones y motivó que se le dedicaran dibujos y fotos para capturar los momentos más emotivos de lo que se convertiría en “un acontecimiento histórico y literario” sin parangón hasta nuestros días.

LA POESÍA UNE

Nervo fue evocado por las multitudes de un continente americano desunido y de un país, México, gobernado por Venustiano Carranza en crisis revolucionaria y amenazado por influenza y peste bubónica. Un poeta los unió.

Al día siguiente del anuncio de su muerte, Excélsior publicó, el lunes 26 de mayo, la nota que rezaba: “Dolorosa impresión causó la noticia de la muerte de Nervo”, en la que detallaba: “El cadáver del insigne vate ha sido embalsamado y será traído para que la Patria recoja en su regazo al Hijo Predilecto”.

En esa entrega se dijo que viajó a Montevideo para participar en el mencionado congreso infantil y que “se disponía a regresar a Buenos Aires, cuando una aneurisma cortó su preciosa vida, sembrando la desolación en todos los espíritus”.

Se agregó que la noticia se extendió por todo Montevideo, que decenas de personas se trasladaron a la casa mortuoria, que se llevó el cadáver a la legación de México y se instaló la capilla ardiente. El martes 27 de mayo se destacó que “El gobierno uruguayo declaró Ministro de Estado al gran Nervo” y que “el cadáver del poeta será traído a nuestras playas en el barco de guerra Uruguay, acompañándolo una selecta comisión de intelectuales”.

Este rotativo añadió que “el cadáver será depositado en el Panteón Nacional hasta que sus restos sean repatriados” y que “el gobierno uruguayo costeará los gastos de las exequias y transporte del crucero”. A día siguiente, los lectores se enteraron de los “suntuosos funerales” y “altos honores” que los gobiernos y la sociedad uruguaya y argentina dedicaron al bardo nacido en Tepic, y de la construcción de un sarcófago de mármol para trasladarlo. Argentina disputó la conducción de los restos en un barco propio, se reseñó, pero Uruguay se impuso y dispuso que el cortejo fúnebre fuera custodiado por 19 oficiales, 167 tripulantes y 33 cadetes alumnos.

TIERRAS AZTECAS

No sin inconvenientes, el Uruguay entró a la bocana del puerto de Veracruz el 11 de noviembre de 1919. El martes 23 de septiembre, por ejemplo, se anunció que el barco “sufrió un serio desperfecto”, rotura de hélice, por lo que tuvo que regresar a Río de Janeiro para hacerle unas reparaciones, que durarían mínimo cinco días.

Poco a poco, parando en los puertos descritos, a veces desembarcando el féretro para recibir los homenajes, el buque arribó a mares mexicanos hacia las dos de la tarde: “En medio del estampido de los cañones entra a la bahía el Uruguay”, fue el título de la nota a ocho columnas que publicó Excélsior.

En ella se aclaró que “cuando iba a efectuarse el desembarque de los restos, reventó el norte. La muchedumbre invadió los muelles”. Dicen que en el puerto lo vitorearon “más de 15 mil almas, cifra sin precedente en esta población”. Y se describe los 14 cañonazos que disparó el Uruguay y las 30 lanchas que lo escoltaron.

Pero el recibimiento apoteósico fue en la Ciudad de México, donde 200 mil personas lo esperaban. El jueves 13 de noviembre, Excélsior adelantó que “Hoy es esperado en esta capital el cadáver de Nervo; imponentes homenajes rendidos al bardo en Córdoba y Orizaba”.

El 14 de noviembre se describió cómo entró el convoy fúnebre a la estación de Buenavista y se publicaron cinco fotografías que ilustran las guardias que hicieron directores de periódicos y reporteros ante el féretro. “Fue una apoteosis los funerales de Nervo”, se concluía el sábado 15 de noviembre.

La cobertura siguió durante todo noviembre, pues los marinos uruguayos, argentinos y cubanos permanecieron unos días en la capital mexicana, visitaron las Pirámides de Teotihuacán y fueron recibidos por el presidente Carranza.

La conclusión de las reseñas fue que el poeta unió con su muerte y cariño a las autoridades y militares de Latinoamérica en un acercamiento que, décadas después, convertiría a México en el querido hermano mayor.

‘ VIRGINIA BAUTISTA/EXCELSIOR