José Sarmiento Bravo, Director General in Memoriam

Profundidad del horror; Bernardo Esquinca (1972)

CIUDAD DE MÉXICO.

Trece cuentos macabros que han sido manipulados por enigmas, dioses y demonios son compilados en El libro de los dioses, de Bernardo Esquinca (Guadalajara, 1972), un volumen pensado como la mayor apuesta del autor por este género literario, a partir de tres obsesiones recurrentes: el milagro y el origen de la escritura, la urbe como recipiente de lo extraño y la adaptación de los dioses en el contexto escéptico de la actualidad urbana.

Bajo esas atmósferas, Esquinca recupera una idea de Thomas Ligotti: “Sólo podríamos escondernos del horror en las profundidades del horror”, desde donde crea una zoología con personajes fantásticos que asombran y atemorizan a sus habitantes, desde un cachalote que ha encallado en la costa y exhibe un signo antiguo en el costado de su cuerpo, hasta el pulpo gigante de un acuario que posee el cuerpo de una mujer y un espectro femenino que dicta cuentos a un autor que carece de imaginación. Todo eso y más cabe en esta antología publicada por la editorial Almadía.

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“Este libro es mi mayor apuesta por el cuento, con algunos textos más extensos, pero lo que me interesaba era establecer una declaración de principios del cuento, una apuesta por este género, en medio de un mercado que parece rendido, al menos por parte de las grandes transnacionales, a la novela. Y en este reinado absurdo y a veces hasta ridículo, quería sostener esta declaración de amor al cuento”, comenta Esquinca en entrevista.

El volumen, que fue elaborado durante seis años, contiene un eje temático que se formó de manera espontánea, abunda. “Porque cuando empecé a escribir estaba muy interesado en el tema de los dioses antiguos. De forma natural se fue dando este hilo conductor y por esa razón la antología tiene que ver con los dioses antiguos y cómo éstos podrían subsistir en el mundo actual”.

El primer relato se titula Los durmientes y cuenta la historia de una ballena encallada con un jeroglífico en el costado del cuerpo. “Es una idea que así la pensé y entonces quise averiguar de qué se podría tratarse ese jeroglífico, quizá de una lengua muerta tallado en su costado. Yo mismo me fui planteando esos enigmas y al escribir los relatos me sirvió para averiguar qué había detrás de esas imágenes”.

¿Parte de su declaración de principios estaría en el cuento El método de escritura? “Debo decir que apuesto por la ambigüedad, es decir, por esconder muchas cosas y que el relato transcurra sobre una superficie, mientras el lector intuye que hay mucho más de lo que se dice”.

Además, en este relato queda claro que hay tantas maneras de abordar el cuento como escritores, “y aunque provengo de una tradición latinoamericana, donde lo fantástico es importante, me siento más cercano a la tradición norteamericana, porque hay autores que han sido muy importantes en mi imaginario, influencias directas como Edgar Allan Poe, Thomas Ligotti, Richard Matheson y Stephen King, entre otros.

“Por supuesto, también hay cuentistas mexicanos que me han influido, como José Emilio Pacheco, Amparo Dávila y Carlos Fuentes, pero mi manera de aproximarme al cuento tiene que ver con la ficción de lo extraño, tal como se ha desarrollado a lo largo del siglo XX y hasta nuestros días por parte de escritores estadunidenses sobre todo”, explica.

¿Hay una declaración en ese relato? “Me gusta pensar en El método de escritura como una reflexión sobre de dónde vienen las ideas, porque en realidad no podemos gobernar nuestras ideas. A esto podemos llamarle inspiración, creatividad, musa o como queramos, pero sí creo que hay un caldo de historias. Digamos que hay algo en ese éter o en un no lugar a donde accedemos, los que nos gusta crear historias, para meter la mano y sacar cosas de ahí. Sin embargo, los narradores sólo le damos un orden”.

Y agrega: “En ese sentido, esta mujer que aparece en el relato es una especie de deidad que influye sobre la mente de ese escritor que cree tener libertad sobre sus ideas, aunque al final descubre que éstas le son dictadas y él sólo es un instrumento de algo superior, muy por encima de su capacidad y su entendimiento”.

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FUERZA EXTERNA

Otro relato que aborda el misterio de la escritura es El señor Ligotti. “Este cuento está íntimamente ligado y relacionado con El método de escritura, porque ambos abonan una reflexión sobre la inspiración y el acto creativo”.

Sin embargo, aclara, este segundo relato “es mucho más oscuro y retorcido, el cual también aborda esa idea de que, en ocasiones, los creadores necesitan ser un poco atormentados para inspirarse, es decir, salir de su comodidad y plasmar obras relevantes”.

“No es que crea en eso a pie juntillas, pero sí que ha pasado a lo largo de la literatura y hay muchos ejemplos. Es la exploración de esa idea de que por más que nos creamos genios y muy buenos escritores, la inspiración viene de más allá, es algo que no está en nuestras manos, de agentes externos que nos acercan las ideas a nosotros… Y esos agentes externos pueden ser dioses, demonios o presencias amenazantes que mueven los hilos, mientras que nosotros –no es que seamos títeres–, dependemos de esas fuerzas externas para manifestar ideas”.

Finalmente, también está el tema de la urbe, “que también es importante en mi obra, especialmente de la Ciudad de México, que ha sido ampliamente recreado y homenajeado en mi narrativa, pero desde la óptica de lo sobrenatural. Sin embargo, este libro tiene una construcción distinta porque la mayoría de los relatos ocurren en un lugar indeterminado”.