José Sarmiento Bravo, Director General in Memoriam

Paneles solares, refugio de abejas

ENRIQUE GARCÍA Y GARCÍA. EXCÉLSIOR

Es indudable que el cambio climático orilla a los gobiernos de los países del orbe —casi todos— a buscar soluciones al abastecimiento energético limpio pues la situación es de emergencia. En algunas Glosas, publicadas por Excélsior, se señalaban las alternativas limpias de generación de energía eléctrica y se mencionaban las siguientes: eólica, mareomotriz, hidroeléctrica, nuclear, geotérmica, biomasa y solar.

Con mucho detalle se abordaban las particularidades de cada una con sus ventajas y desventajas en cuanto se refiere a su construcción, operación y aspectos de contaminación al medio ambiente. Es de señalar que todas interfieren con el hábitat natural y es preciso analizar las que menos lo hacen y así tomar decisiones para que sean sostenibles.

Referente a la última fuente energética mencionada, es decir, la energía solar, ésta opera bajo el principio de transformación de la radiación solar en electricidad a través de los paneles solares, que son celdas de material cerámico que tiene esa peculiaridad fotovoltaica. Se mencionaba también que dichas celdas, después de su vida útil —25 a 30 años—, contaminan al medio ambiente pues no es fácil su desintegración, por lo que se trabaja en la solución a ese problema de manera similar a lo que se hace con los residuos radiactivos que producen las centrales nucleares.

El gran auge que ha tenido esa forma de generación limpia hace que haya mercado para usuarios públicos como privados pues el análisis económico de costo-beneficio es positivo y alentador para las inversiones a gran escala. Es tal la bondad de esa forma de producción de electricidad, que tanto la banca de desarrollo como la privada, ofrecen financiamiento para todo el proceso, cuya amortización se consigue en un par de años.

Sin embargo, uno de los inconvenientes que tiene esta forma de generación eléctrica es que necesita una amplia superficie de captación, máxime cuando la energía producida se utiliza para equipos motorizados. Tal es el caso de la utilización de paneles solares para el bombeo de agua para riego, sea para extracción del subsuelo o para la conducción a tierras de cultivo o invernaderos.

Es claro que al instalarse las celdas inutilizan una parte de las zonas de sembradío, por lo que surge la posibilidad de convertir esa amenaza al trabajo productivo de la tierra en una oportunidad. Éste es un tema de trabajo de investigación y desarrollo de algunas universidades en Estados Unidos y recientemente se encontró una solución al problema que hace aún más atractiva la inversión al generar áreas de polinización de insectos. Ingenio a más no poder.

En esencia, se propone utilizar esas áreas muertas de sombra y semisombra en tablas de cultivo de plantas, cuyas flores atraen abejas, mariposas y otros insectos polinizadores. En un informe de la Universidad de Oregon se reporta un incremento del proceso de polinización de 3% al ampliar hasta septiembre el periodo normal de floración que termina en mayo, lo cual es de enorme beneficio para tener mejores cosechas y todo lo que ello trae consigo.

Éstas son excelentes iniciativas que contrarrestan los efectos de la disminución del hábitat de los insectos y con ello el decremento de la población de polinizadores. De aquí que la instalación de paneles lejos de ser una amenaza para abejas y otros insectos se convierta en un auténtico refugio. Soluciones sustentables que es preciso difundir para que otros inversionistas agrícolas las emulen para beneficio propio, de la región y del planeta.