José Sarmiento Bravo, Director General in Memoriam

Novela ‘Entre los rotos’, huye del dolor y rasga el silencio

CIUDAD DE MÉXICO.

El mundo está lleno de personas rotas, de hombres, mujeres y niños que se miran al espejo con los recuerdos hechos pedazos, como un rompecabezas incompleto que habita un mundo lleno de violencia. Bajo esa idea, la joven escritora Alaíde Ventura Medina, publica Entre los rotos, su más reciente novela y con la que ganó el quinto Premio Mauricio Achar/Penguin Random House.

El relato es una autoficción que cuenta la historia de una familia que se rompe a causa de la violencia, de un padre que es incapaz de utilizar las palabras y de dos hermanos que, al principio, encuentran un refugio en el diccionario, en ese arte de leer significados y construir los propios, porque el diccionario puede ser la única tabla de flotación y de seguridad.

Lo que quería transmitir con esa metáfora era justo que el hecho de que las palabras son de los pocos tablones que nos mantienen a flote que todavía nos salvan, vinculándonos a través de la palabra. Y por eso es tan doloroso que el hermano no hable, porque rompe el único vínculo que a la hermana le queda”, explica en entrevista.

 

En ese contexto, el silencio no es una negación, sino una evasión o un escape. “Y como dices, las palabras, al nombrar algo, hace que exista y por lo tanto se convierten en un acto valiente”, explica, aunque cierto día, después de una golpiza que recibe el niño… deja de hablar.

Porque como explica la autora, la primera guerra no está en la calle ni en la escuela, sino muchas veces en la casa, en esa primera patria perdida donde los golpes curten la memoria.

Aquella noche, narra la protagonista de ocho años, “recuerdo haber mojado la cama como cuando tenía tres o cuatro. Si no mal recuerdo, ésa era la primera vez que papá le pegaba a mi hermano. Su cuerpo no estaba acostumbrado al dolor todavía. El mío tampoco estaba acostumbrado a cargar con el peso muerto y sofocante del remordimiento… culpa por las cosas que provoqué. Líneas rojas en la piel de mi hermano. Un pómulo purulento. Un ojo hinchado…”.

 

UN FRACTAL

 

Entre los rotos es una especie de álbum fotográfico fragmentado, un rompecabezas hecho de memorias y recuerdos que apelan a un mundo visual y sensorial. “Para este libro creo que el recurso de las fotografías me resultó práctico por eso, porque me dediqué muchos años a escribir guiones y tengo todavía esas fórmulas visuales muy presentes, porque no sólo no me gusta transmitirle al lector la emoción, sino también la atmósfera”, abunda.

¿Cómo definiría el tema de la violencia a partir de este relato?, se le pregunta a la también autora de Como caracol, con la que obtuvo el Premio Gran Angular (2018). “Tenemos que pensar en la violencia como un fractal, porque mi generación, la que creció en esta guerra (contra el narcotráfico), desde hace más de 10 años, estamos acostumbrados a ver la violencia en la calle.

Pero ese fractal nos muestra también la violencia que existe dentro de las cuatro paredes de una casa, que también llevamos y cargamos”, afirma Alaíde.

Sin embargo, la joven autora reconoce que esta historia, más que resolverle o revelarle alguna verdad en torno al tema, le ha sorprendido. “Me ha impresionado mucho el nivel de conexión que han establecido los lectores con el libro y en cierta forma conmigo; porque me ha escrito mucha gente que se ha visto reflejada y pues creo en eso como un proceso derivado, pero no inherente, de la literatura”.

Así que esa conexión en el mundo real, con gente que vive en la misma ciudad que yo, que tiene mi edad, me ha escrito para decir que creamos una gran resonancia”, apunta.

¿Qué tanta ficción refleja esta historia? “A mí me gusta citar mucho esta frase de Jorge Ibargüengoitia, que también aparece como epígrafe en Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor, en la que se afirma que todos los personajes son inventados, pero todas las situaciones son reales”.

Así que esta historia es un poco así, comenta. “Porque todo es ficción y al mismo tiempo nada lo es. No sé si tengo mucha imaginación, más bien soy buena para el retrato, pero con una especie de técnica que va mezclando todo, como si fuera en una licuadora, creando algo nuevo, pero con elementos del mundo real”.

¿Diría que ya encontró su voz narrativa? “Yo creo que sí, aunque esta novela es un poco catártica y maneja frases muy cortas. Creo que estoy en un proceso de autodescubrimiento. Diría que mi voz narrativa ahora le pertenece a la autoficción, aunque Entre los rotos es una exploración, ya que contiene una primera persona muy cercana a mí y muy en un torrente de dolor descarnado, pero ahora estoy escribiendo un poco más contemplativo”, concluye.