José Sarmiento Bravo, Director General in Memoriam

Mujeres de voces transfronterizas; poesía que cifra y descifra

CIUDAD DE MÉXICO.

Los versos de 15 escritoras irreverentes, cuestionadoras, irónicas, nacidas entre 1972 y 1988 en diversas entidades del país, integran la antología Nuevas poetas mexicanas (Orfila) que propone al género “como transgresión, como desborde”, y a la mexicanidad como una realidad “transfronteriza”.

Los compiladores Julio Ortega y Alejandra Mena apuestan por estas voces que hablan sobre la vida y sus desafíos desde Nuevo León, Chiapas, Ciudad de México, Baja California, Oaxaca, Sonora, Querétaro y Guanajuato,  y que, además, no sólo escriben en español, sino en inglés, en “un espanglish híbrido”, en portugués, latín o en diidxazá, tsotsil y zoque.

Es un manual de instrucciones para que el lenguaje siga haciéndonos más humanos; mejores lectores. Un manual para empezar la tercera década del siglo XXI, esa encrucijada que esta poesía cifra y descifra”, comenta Julio Ortega.

El investigador de la Universidad de Brown destaca que “ésta es una poesía que nos dice más del lector que convoca y produce, que de las poetas que registran y testimonian. No porque el lector sea personaje y receptor del poema, sino porque es actor y operador de un libro”.

El especialista en literatura latinoamericana explica que las antologías, que antes proponían “un canon, un modelo de escritura” y llegaron a adquirir “el valor de un manifiesto”, ahora “son memorias del porvenir, nos proponen ser parte del futuro”, afirma.

Hoy creemos que las antologías dan cuenta de la precariedad y fugacidad tanto del gusto como del canon literario. Parece predominar la noción de que éstas no postulan lo mejor de una época o región, sino que testimonian el gusto presente, tan fugaz como nosotros mismos”, agrega.

Esta antología de poetas mexicanas, cuyas voces nos adelantan el tiempo futuro, busca testimoniar la alta y clara calidad de la poesía mexicana contemporánea. La diversidad de voces, registros del coloquio, formatos y escrituras, queda apenas trazada en este libro tan transitivo como sintomático”, añade el crítico literario peruano.

Así, los lectores son convocados, “con la nostalgia del diálogo”, a conocer o redescubrir el trabajo de la más joven a la más experimentada: Iveth Luna Flores, Diana Garza Islas, Paula Abramo, Enriqueta Lunez, Mikéas Sánchez, Yohanna Jaramillo, Gabriela Jáuregui, Minerva Reynosa, Paty Blake, Sara Uribe, Maricela Guerrero, Cristina Rascón, Irma Pineda, Amaranta Caballero Prado y Rocío Cerón.

La literatura en México ha dado la vuelta y recomienza con una creatividad fresca, mundana y exploratoria”, dice.

PALABRAS TRANSFRONTERIZAS

Por su parte, Alejandra Mena apunta en la nota a esta edición que “lo que guía a esta antología son las lecturas mutuas, los rumores, la marejada dentro de un medio cambiante”.

Indica que “los 16 años durante los cuales nacieron las poetas que aquí se reúnen (1972-1988) no han hecho más que crear una constelación de voces que abisman una supuesta totalidad de la poesía contemporánea en México”.

Aclara que “si esta antología es de poetas mexicanas, lo es en tanto que la mexicanidad ya es transfronteriza”. Y detalla que, por ejemplo, la capitalina Gabriela Jáuregui vive en Estados Unidos y escribe en inglés, y con frecuencia en “un espanglish híbrido” que se asoma en la poesía fronteriza de la tijuanense Yohanna Jaramillo.

Paula Abramo oscila entre el español, el portugués y el latín; mientras que Maricela Guerrero –ambas nacidas en la Ciudad de México– incursiona al idioma vegetal para descoser desde dentro lo que llama ‘el idioma del Imperio’.

La oaxaqueña Irma Pineda y las chiapanecas Enriqueta Lunez y Mikéas Sánchez escriben en diidxazá, tsotsil y zoque, respectivamente, y se traducen a sí mismas; Amaranta Caballero (Guanajuato) declara desde el español: ‘Me traduzco’.

Cristina Rascón (Sonora) escribe en diversos géneros poéticos japoneses y firma sus poemas con coordenadas de todo el mundo. Sara Uribe (Querétaro), Irma Pineda y Mikéas Sánchez siguen y escriben líneas migratorias que desinventan los confines del territorio mexicano”, señala.

Mena concluye que “lo que nos interesa aquí no es hablar sobre poesía femenina, sino reparar sobre la letra y, con ello, evocar, por la exclusión que denota, otros modos del lenguaje. Hablemos entonces del género como transgresión, como desborde; como un adjetivo que modifica no sólo al supuesto neutro masculino, sino, precisamente, al poeta –la poeta–: al género poético”.

 

 

 

La A es ancha abierta femenina

tan de nosotras exclusiva

cadera delimitada

se oyó decir en una rueda.

Yo la uso como distintiva

una A rumbo al súper en la escuela

colgada en la solapa abrillanta la sonrisa

la depresión no existe con una A en la boca

una A escuda

una A aplasta.

Muéstreme su A y pensaré que posee usted inteligencia.

¿Qué opina usted de nosotras las que somos A

como el sabio abecedario de las avestruces?

Guárdese sus es y cómo se le ocurre

sus oes infames escúpalas frente a mí

y le regalaré una sonrisa: como sabe

la sonrisa es de las nuestras.

 

-Paty Blake (Ciudad Obregón, Sonora, 1978)