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noviembre 7, 2018

‘La ciudad imprescindible’, historias de la vida cotidiana en la capital

Luis Franco Ramos compila 19 textos de autores esenciales que ayudan a rescatar la manera en que se construyó la memoria urbana de México

CIUDAD DE MÉXICO.

Diecinueve historias de la vida cotidiana y de las calles de la capital del país fueron compiladas en La ciudad imprescindible. Crónicas esenciales de la Ciudad de México (Cal y Arena, 2018), un volumen ilustrado con textos de Manuel Payno, Guillermo Prieto, Francisco Zarco, Pedro Castera, Manuel Gutiérrez Nájera, José Vasconcelos y José Juan Tablada, quienes utilizaron su prosa para construir la memoria urbana de la capital.

Por sus páginas se desliza el martirio de Cuauhtémoc, narrado por Bernal Díaz del Castillo; la vida de los cafés durante el siglo XIX, recreada por Payno; un retrato de Palacio Nacional, escrito por Francisco Zarco; una visita a la Candelaria de los Patos, relatada por Ignacio Manuel Altamirano; o un breve texto de Carlos Pellicer, quien reconstruye el paisaje de la urbe, a partir de una obra de José María Velasco.

También se incluye un fragmento del poema La Duquesa Job, de Gutiérrez Nájera, así como la obra de teatro Tras un mal nos vienen ciento, de Ignacio Rodríguez Galván, que cuenta la odisea de un personaje que recorre las calles desde San Cosme hasta el Zócalo, mientras intenta conquistar a una mujer, es bañado en lodo por las diligencias, le roban y pierde una cita , pero todo con gran sentido del humor.

Esta compilación está hecha para gozar la lectura y en ella se incluyeron fotografías que hablan sobre el pasaje de La Viga, el Zócalo en un determinado momento con el glorioso Palacio Nacional y numerosas escenas de vida cotidiana que transcurren en los cafés, dice en entrevista con Excélsior el compilador Luis Franco Ramos.

Al mismo tiempo, el libro recupera la memoria de la capital, “porque vivimos en un mundo donde le damos poca importancia a esa memoria, dado que por lo regular tú caminas por el Centro Histórico y, aunque la gente pasa a un lado de Palacio Nacional, nadie conoce su historia. Así que ese fue el espíritu central de este proyecto”, explica.

Esto implica que, al perder contacto con nuestro pasado, perdemos parte de lo que somos, insiste Franco Ramos. “Sin embargo, la memoria hay que recuperarla y hacerla nuestra, con esas tradiciones que van del Día de Muertos a la Navidad, donde subyace la fusión entre lo prehispánico y lo español, lo cual nos diferencia y nos hace completamente distintos de otras metrópolis”.

El volumen es un recorrido fugaz a lo largo de casi cinco siglos, que comienza con Bernal Díaz en 1522 y cierra en 1945 con el texto de Pellicer, donde afirma que “uno de los mayores episodios de la historia de nuestro planeta es el Valle de México”, donde “la luz es fría y tersa y en ella inscriben el cielo y la tierra, con firme y fino trazo, la narración sonora de un majestuoso y poético tratado del paisaje”.

A simple vista, este volumen muestra algunos de los distintos rostros de una urbe en constante cambio, la misma que en 1522 pudo tomar otro rumbo, cuando Hernán Cortés estuvo a punto de decidir que la Ciudad de México no se construyera encima de la vieja Tenochtitlán.

Pero los españoles mantuvieron esa idea por destruir el pasado, exterminar la memoria de los otros, derruir el Templo Mayor y arrasar los espacios prehispánicos”, que luego le daría significado a nuestro origen.

Digamos que este libro también nos permite darnos cuenta de lo que perdimos, por ejemplo, esa ciudad entre lagos y, al mismo tiempo, maravillarnos por el gozo de una ciudad que sigue siendo muy de los mexicanos, de andar en la calle, que nos recuerda la casa de Ignacio Manuel Altamirano, los bares y los cafés que han observado los cambios arquitectónicos de la ciudad”.

VIDA DIARIA
Franco Ramos reconoce que el habla es otro elemento que atraviesa las páginas del libro, que se asume como un vistazo al pasado, donde la cultura era eminentemente la calle, con un ritmo frenético por el teatro y los espectáculos callejeros y el vodevil —que inició a finales del siglo XIX— y el uso de la lectura de periódicos como fuente de conocimiento.

Recordemos que la gente del siglo XIX fue formada con los periódicos; la vida diaria se daba a través de ellos, que fueron fundamentales, muchos de los cronistas que están incluidos en este libro escribieron en algunos de los diarios más importantes de la época. Fueron críticos literarios y defendieron la tradición bohemia y del buen vivir, de los paseos y sus pasajes lacustres como la calzada de La Viga”.

Como historiador, apunta, “he creído que la historia, la memoria y el conocimiento del pasado pueden propiciar ciudadanos diferentes; la memoria nos hace más sólidos emocionalmente, y nos acerca a un gozo de la vida que no hay que perder; digamos que es un proceso para asimilar el mundo desde el objeto estético o artístico”.

El volumen, que ya circula en librerías de todo el país, cuenta con un texto introductorio de Rafael Pérez Gay, quien resume la fundación de la ciudad en 1522, mientras los indígenas levantan los escombros y Cortés ordena que se formara la primera traza, señalando las calles, las plazas, los terrenos donde los vecinos edificarán sus casas, el cabildo, la fundición, la carnicería, la horca y la picota. Así empezó todo.

Ramos adelanta que trabaja en un nuevo libro que reivindicará la figura de fray Melchor de Talamantes, que también formará parte de la colección de Los imprescindibles.

Talamantes, dice, fue un poco conocido, un sacerdote mercedario (de la orden de las Mercedes), de nacionalidad peruana, que en 1808 escribió numerosos textos que dieron pie a la idea de Independencia y que ayudaron a consolidar el proceso ideológico de Miguel Hidalgo, José María Morelos, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Abasolo”.

JUAN CARLOS TALAVERA/EXCELSIOR

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