José Sarmiento Bravo, Director General in Memoriam

Homenaje al Gran Nahuatlato, Miguel León-Portilla

JUAN CARLOS TALAVERA

CIUDAD DE MÉXICO.

Acuatro meses del fallecimiento de Miguel León-Portilla (1926-2019), amigos, académicos y familiares revisan las distintas facetas del historiador y filósofo mexicano que le dio un nuevo sentido a los pueblos originarios y que renovó el pensamiento en torno al mundo mesoamericano, como se observa en el libro Tlamatini. Homenaje a Miguel León- Portilla, que publica la editorial Paralelo 21.

El volumen incluye textos de Ascensión Hernández Triviño Chonita, viuda del escritor, así como de Natalio Hernández, Patrick Johansson, Gisela von Wobeser, Enrique Krauze y Ángeles González Gamio, entre muchos más, bajo la coordinación de Boris Berenzon y Luis Jorge Arnau.

El libro fue imaginado a mediados de 2019, mientras León-Portilla continuaba delicado de salud, para mostrar el rostro más íntimo del defensor de los pueblos originarios y del mundo mesoamericano.

Así el volumen se transformó en “un río que se vierte a sí mismo, es decir, como un río con riachuelos fuertes y riachuelos suaves para mostrar las distintas facetas de esta idea lúdica, cercana y emocional desde la mirada de sus amigos, colaboradores y gente cercana a León-Portilla que, sin duda, reflejan todo su trabajo académico en torno a él, pero también la parte humana y cercana”, comenta Berenzon.

El libro incluye un texto de Ascensión Hernández Triviño, donde explica que su obra aportó un nuevo paradigma historiográfico de trascendencia histórica y antropológica, donde destaca dos de sus obras: Filosofía náhuatl y Visión de los vencidos.

De este último asegura que “es portador de la palabra de un pueblo y constituye una catarsis curativa para indigenistas e hispanistas que quieran conocer la verdad, como afirma el propio Sahagún. Tal vez por todo ello, la Visión de los vencidos ha sido traducido a 20 lenguas y sigue ocupando un primer lugar en las ventas editoriales”.

Hernández Triviño también asegura que, con su Filosofía náhuatl y la Visión de los vencidos, el autor abrió un camino filológico en el conocimiento de los textos nahuas, gracias al cual pudo consolidar su quehacer como historiador de una de las raíces del México indígena y elaborar una serie de textos que suponen la creación de una sólida infraestructura filológica para el conocimiento de la historia y el pensamiento de México y de la América indígena”.

Y asegura que, mientras León-Portilla realizaba el estudio de los textos nahuas, no perdió la mirada sobre otros temas de la historia de México.

Uno de ellos es la cultura maya, no sólo por ser una de las grandes culturas de la humanidad, sino porque las creaciones de este pueblo abren una ventana al conocimiento de la región de Mesoamérica como una unidad plurilingüe, dinámica en el tiempo, en la que florecieron diversas culturas”, apunta la también investigadora.

EL GRAN SABIO

El volumen que también incluye textos de Alicia Meyer, José María Muriá, Morelos Torres, sus nietos Miguel Diego y Fabio Hierro, Rodrigo Martínez Baracs, Porfirio Muñoz Ledo, Aline Petterson, Antonio Saborit, Patricia Galeana y Diego Valadés, entre otros, con un texto introductorio de Alejandro Toussaint, quien define el volumen como “un homenaje al hombre, al amigo, al investigador, al abuelo, al maestro, al historiador, al filósofo, al nahuatlato, al lingüista, al poeta, al gran sabio mexicano, al tlamatini.”

Mientras que el poeta Natalio Hernández le dedica el poema La voz del ahuehuete, con el que así lo describe: “Soy el Ahuehuete/ Árbol antiguo de Anáhuac/ en el interior de mi ser transcurre/ la fuerza de la mexicanidad”.

Patrick Johansson recuerda que el indigenismo del nahuatlato “fue un indigenismo militante”, quien consideró ante todo al hombre nativo de México provisto de los atributos culturales de su razón de ser, como un ‘rostro y un corazón’, desde los tiempos precolombinos hasta ahora.

Y pugnó para que la dignidad dejara de ser un concepto vago, abstracto e ideológicamente manipulable y se concretara en derechos constitucionales; para que la piedad y la conmiseración condescendientes que despierta, en el mejor de los casos, la condición de los indígenas se conviertan en un reconocimiento que enaltece”, apunta Johansson.

Además, incluye un texto de María Luisa, hija del historiador, quien lo define como un hombre que ha vivido su vida a través de la lente de la flor y el canto.

No sé si él, en forma consciente y deliberada, hizo de su vida personal una obra de arte. Probablemente su existencia es el resultado de sus pensamientos e ideas, de sus decisiones, elecciones, opciones y oportunidades, guiados por su visión de la flor y el canto”.

Y asegura que, en su búsqueda, “trató la historia con ojos universales, uniendo continentes… y buscó la perspectiva histórica que logró un concepto más completo”.

En suma, afirma Berenzon, es un fractal de facetas de este gran sabio que a menudo contaba la historia de un sueño tan borgiano como recurrente que le sucedió durante su estancia en París, como embajador por la Unesco, cuando se despertaba en mitad de la noche, en su biblioteca de Coyoacán, para consultar la página de un libro que necesitaba en ese momento.

Y ésa es la imagen que mejor retrata a León-Portilla, un hombre sentado en su biblioteca, hoy vacía, que, seguramente doña Ascensión llenará profundamente, en ese lugar en el que él era feliz, en aquel pequeño escritorio y en esa covacha que había acondicionado, llena de libros y papeles, donde él conocía de memoria todos sus rincones”, concluye.