José Sarmiento Bravo, Director General in Memoriam

Felicidades en su día del maestro

(15 de mayo)

Comunicación Social

 

Tlapacoyan, Ver.- El Día del Maestro se instituyó oficialmente en 1918, bajo la premisa de que el maestro había sido factor decisivo del progreso de la nación y dado que los maestros fueron de los primeros en unirse al movimiento de 1910.

Durante la Guerra Cristera, de 1926 a 1929, en la que el clero se opuso a la educación laica y en general al laicismo, muchos maestros fueron perseguidos por los cristeros, que en la década siguiente renovaron sus ataques.

El 15 de mayo de 1935, el presidente Lázaro Cárdenas presidió una ceremonia en honor de los educadores asesinados o desorejados por los cristeros, y dispuso que cada año, en esa fiesta cívica, se leyeran los nombres de 10 de esos mártires de la educación.

En esa época, los intentos de implantar la enseñanza socialista y los rudimentos de la educación sexual en las escuelas primarias motivaron reacciones violentas de grupos de fanáticos que destruían escuelas y libros de texto, asesinaban, mutilaban y ultrajaban a maestras y maestros rurales.

Con el tiempo, se ha ido perdiendo la memoria de los maestros sacrificados.

 

Edgar González Ruiz

Nuestra generación creció en la segunda mitad del S.XX, respetando todavía la figura del maestro, quizá porque entonces había aún, muchos Actores vivos y vívidos recuerdos de aquella entrañable escuela rural mexicana que, con penurias y limitaciones extremas, realizó un gran esfuerzo por llevar las primeras letras y números fundamentales a sitios de marginación extrema. El primer tercio del S.XX Era tiempo en los que había por todos los rincones de nuestra nación la ilusión por la construcción de una escuela y también por la llegada de los correspondientes docentes.

Durante el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas se sostuvo la tendencia, generada desde más de una década atrás, de dar prioridad a las distintas modalidades de la educación rural, que fue parte medular de la política educativa posrevolucionaria. Su relevancia fue reconocida en el Plan Sexenal de 1933, que tenía entre sus metas principales elevar a más del doble el número de escuelas rurales, unificar los contenidos escolares y elevar su calidad. Estas metas eran compartidas por el entonces aspirante a ocupar la silla presidencial, quien a lo largo de su gestión como gobernador de Michoacán, su estado natal, dio muestras de fe en los efectos redentores de la educación sobre las masas campesinas e indígenas, que constituían el porcentaje mayoritario de la población mexicana y eran las principales víctimas de los “males” que se querían combatir: la pobreza, la insalubridad, la incomunicación, el latifundismo, el analfabetismo  y la religión. Ya como presidente, Lázaro Cárdenas declaró en repetidas ocasiones que el maestro rural era el personaje más importante del México del momento y que la escuela tenía un valor excepcional para el logro de las demandas más sentidas del pueblo.

La respuesta de la Oligarquía mexicana no se hizo esperar y al grito de “¡Viva Cristo Rey!”, “¡Abajo el artículo tercero constitucional!”, “¡Muera la Constitución!”, etcétera. Sobrevinieron los hostigamientos de palabra y obra y no faltaron abusos flagrantes contra docentes, cuya situación fue agravándose a partir de 1930. El motivo, exaltado también por sacerdotes, era la educación de niños y niñas juntos y la educación sexual, complicándose todo con el reparto agrario.

Mientras tanto en la misma época, en la región de Tlapacoyan, Veracruz, los cristeros cometían en esa época desmanes similares. De acuerdo con Indalecio Sayago, político mexicano que en esa época era maestro rural: “…Los terratenientes, los ‘guardias blancas’, los acaparadores de los productos del campo, los curas, organizaron la más feroz campaña en contra de los trabajadores de la educación: maestras violadas y mutiladas de los senos, profesores desorejados y asesinados. En esos días, un grupo de ‘guardias blancas’, en pleno día, rodeó la escuela donde estaba laborando el maestro Carlos Toledano. Lo ataron con alambre de púas de pies y manos. Con los muebles de la escuela, cuadernos y libros hicieron una hoguera y lo quemaron vivo frente a sus alumnos” (Miguel Baltazar Vázquez Altotonga, Un pueblo con historia, Altotonga, Veracruz, 2005, pp. 231-32).

Aquel ignominioso 21 de abril de 1936, setenta hombres armados incendiaron las escuelas de las congregaciones agrarias de Eytepequez, Buena Vista y Pochotitan

Atacando al Profesor Pablo Jiménez Vásquez  y a su pequeño hijo Demetrio Jiménez del Ángel, lesionando de gravedad al docente  por cortarle una oreja, tal y como lo hicieran los pretorianos Romanos con sus víctimas, este 15 de mayo quisimos recordar a  Nuestro entrañable mentor no solo por haber nacido en Tlapacoyan el 29 de junio de 1910 , sino por su gran vocación magisterial  que demostró vehementemente desde aquel lejano 1932, donde se escucharon por vez primera sus enseñanzas en la comunidad de Hidalgo Municipio de Tlapacoyan, Veracruz y su etapa como director de la Escuela Adolfo Ruiz Cortines de 1964 a 1969 o su experiencia como servidor público al ser electo Sindico Único del H. Ayuntamiento municipal de Tlapacoyan, en el periodo del C. Raúl Cabañas Diez de 1970 a 1973. Su lamentable deceso tuvo lugar el 3 de marzo de 1973.

Resultaría muy difícil para mí; como cronista municipal sintetizar la vida de tan destacado maestro en este puñado de letras, sin embargo, es muy conmovedor tratar de trasmitir la emoción, que provoca la pasión por la enseñanza de un hombre sencillo pero muy comprometido con su tiempo y su espacio.

Un hombre que recorrió la legua magisterial en los tiempos de nuestro estimado “Tata Lázaro”, que a golpe de suela transitó aquellos caminos rurales plenos de vegetación y duros en su rasante.

Larga vida maestro donde quiera que se encuentre.

La profesora y alcaldesa Ofelia Jarillo Gasca envía felicitaciones a todos los maestros hoy en su día.

Saludos. Crónica por (Luis Hertz)