José Sarmiento Bravo, Director General in Memoriam

Estampas de una identidad; iconografía nacionalista

Una selección de casi 400 imágenes que forjaron parte de la identidad mexicana son compiladas en el volumen México: la tierra del encanto, un recorrido visual por esa piezas utilitarias que inundaron calles, librerías y hogares entre 1910 y 1960.

El volumen incluye estampillas y afiches plasmados en libros, revistas –como en Revista de Revistas y el suplemento Jueves de Excélsior–, cancioneros, almanaques, tarjetas postales, calendarios, guías turísticas de artistas como Jorge González Camarena, Roberto Montenegro, Leopoldo Méndez, Miguel Covarrubias, Carlos Mérida, Saturnino Herrán, Francisco Díaz León, Vlady, Ramón Alva de la Canal, Ernesto García El Chango Cabral, Diego Rivera y decenas de obras anónimas.

En ese momento no había televisión, explica a Excélsior Mercurio López. “Hablamos de 1920, cuando sólo se tenía a los impresos como medios de información para crear una idea de lo que era México y los mexicanos”.

“En aquella época el gobierno de México se dio cuenta de que Estados Unidos tenía interés por visitar nuestro país. Entonces fue indispensable trabajar en la imagen hacia el exterior, que es la que recopilamos en este libro, porque el turismo era algo que no se había contemplado y con los años creció y creció”.

López Casillas comenta que desde el siglo XIX existen algunos ejemplos de litografías y grabados que buscan identificar el prototipo de lo mexicano. Desde entonces inició aquella construcción.

“Sin embargo, en el porfiriato hubo un problema: no se reconocía a la gente del pueblo, es decir, recuperaban el pasado indígena o prehispánico, pero no al indígena vivo”, asevera.

Y lo que intentó el gobierno de la Revolución, con Madero y Carranza, era reconocer al pueblo como figura principal, luego de que no se pudiera cumplir toda la justicia social prometida con la Revolución Mexicana.

“Entonces se buscó aquella justicia de una manera idealizada, a través del arte y las expresiones populares. Fue así como se retomó la figura del charro, la china poblana y la tehuana como estereotipos de lo mexicano, pero representados con personajes de rasgos europeos, muy occidentales, cuyo estereotipo predomina hasta nuestros días”.

López Casillas admite que “a finales del siglo XIX, el 70% de la población era indígena y que el tema del mestizaje fue un invento de la Revolución, de (José) Vasconcelos y de los intelectuales de la época para hacernos creer que éramos un mundo mestizo, aunque predominantemente éramos un país indígena”.

¿Esto afectó a los pueblos indígenas?, se le pregunta. “Sí, fueron políticas que los perjudicaron. Casi acabaron con ellos y con sus lenguas. Además, quedó un estigma en el imaginario sobre su habla. Pese a todo, este libro lo que hace es recuperar un tiempo de lo que en ese momento se pensó y se intentó hacer creer que era lo mexicano. Es un buen testimonio de la época”.

¿Qué tan rápido se propagó? “Fue un periodo de construcción lento y eficaz. Yo crecí con estas imágenes, con la música de mariachi y las películas mexicanas como parte de mi identidad y mi orgullo de ser mexicano, pero ahora son otros tiempos y la lectura de la mujer y del indígena es políticamente incorrecto”.

La base del libro se apoya en las colecciones privadas del editor Ramón Reverté, del galerista Ramón López Quiroga, del investigador James Oles y del librero Mercurio López.

¿No se apostó por los grandes nombres en esta publicación? “La participación de muchos artistas desconocidos está presente en el libro. De manera inicial pensamos hacer el libro por soportes (estampillas, billetes, postales…), pero es un mundo imposible de contener. Así que nos limitamos a algunos temas predominantes”.

Así que quedaron fuera portadas de discos y de empaques publicitarios…, “pero este universo incluye imágenes vigentes, como la idealización del campo, de ese paraíso perdido donde aparece el ranchero y su esposa, aunque muchos sospechosamente de piel clara.

También se incluyen piezas de diseñadores como José Espert Arcos, Jorge Enciso, Raúl Gamboa, Mariano Martínez; y fotografías de Hugo Brehme, Armando Herrera y Manuel Álvarez Bravo.

El dato

Pieza única

El volumen incluye la obra Bosque de Chapultepec, de Justino Fernández, un plano de 1937 que es considerado una rareza dentro del mundo del coleccionismo.
TÍTULO: México: la tierra del encanto
EDITOR: Mercurio López Casillas
Editorial: RM, España, 2022; 240 pp.
Posada, una semilla en la gráfica

Una figura clave en la construcción de lo mexicano también se puede rastrear en la obra de José Guadalupe Posada, dice Mercurio López.

“Posada marcó a todos los artistas del siglo XX y se convirtió en una influencia fundamental. Además, fue el primer artista que puso lo mexicano y el pueblo de México como protagonista de su trabajo. Nadie antes que él tomó en cuenta eso y lo hizo de una manera inteligente”, apunta.

Además, recuerda que Posada trabajó para más de 50 imprentas, aunque lo que más se conoce es el trabajo que hizo para Antonio Vanegas Arroyo, conformado por las calaveras.

“Sin embargo, él también tuvo un localito al que llegaba la gente y le pedía algún rótulo o un cartel para anunciar su obra de teatro o el Año Nuevo, el jueves de corpus, Semana Santa.

Así que su influencia en el mundo del arte y el diseño sucedió de forma natural hasta su muerte, en 1913, y el primer libro que difundió, su trabajo como un artista, sucedió hasta 1930.

Por último, expresa que los dos elementos más representados entre 1920 y 1960 en la formación de lo mexicano fueron el embellecimiento del campo y del México prehispánico.

“Todos estos materiales nos muestran un México idealizado, con