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‘Es tiempo de acabar de vivir’: Margo Glantz, novelista y ensayista mexicana

VIRGINIA BAUTISTA

CIUDAD DE MÉXICO.

Éste es el tiempo de Margo Glantz, sus lectores son de esta época, su obra que apostó desde los años 70 por la fragmentariedad del texto y la ruptura de géneros literarios está siendo más leída y mejor comprendida, “sobre todo por los jóvenes, tanto hombres como mujeres”.

En la antesala de sus 90 años, que cumplirá el 28 de enero, la novelista y ensayista mexicana admite lo anterior; y aclara que “También es tiempo de acabar de vivir. Dicen que hay tiempo para todo y a mi me toca el tiempo de morir. Quiero morir activa. Lo que me interesaría es no morir como imbécil”.

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En entrevista con Excélsior, irónica, irreverente, claridosa, la licenciada en Letras Inglesas por la UNAM y doctora en Letras Hispánicas por la Universidad de la Sorbona afirma que no desea homenajes y que el número 90 no le significa nada.

Me siento bien todavía, pero son muchos años. Me queda muy poco tiempo y lo voy a vivir lo mejor que pueda, con mi familia, con mis amigos y mi propia escritura. Ya estoy cansada de cosas, no quiero reconocimientos. Creo que hay que tener autocrítica. Ahora sólo leo mucho y espero morirme”, comenta.

La académica y crítica literaria explica que se está entendiendo más su obra. “En Colombia me están leyendo mucho, en Costa Rica, en Argentina. No sé si está pasando de moda la autoficción, como le llaman, que se exploró demasiado”.

En su casa de Coyoacán, la autora de Viajes en México. Crónicas extranjeras (1963) y Las mil y una calorías, novela dietética (1978), sus primeros libros de ensayo y narrativa, respectivamente, admite que se adelantó a su tiempo al abordar temas como el cuerpo, el erotismo y la sensualidad.

Muchas de las cosas que escribí apenas ahora han tenido éxito. Por ejemplo, Apariciones se vendió bien en la FIL Guadalajara, en la reedición de Erdosain, un sello chileno que tiene poca distribución en México. Tuvo mejor acogida que hace casi 20 años que se lanzó. Y El rastro, que se leyó bastante, ha tenido éxito en Almadía, que sacó una reedición”, detalla.

Quien en 1958 empezó su trayectoria académica y en 1966 fundó y dirigió la revista Punto de Partida, en la UNAM, destaca que muchos narradores están escribiendo como ella lo hizo antes.

Que tampoco era la única. También Sergio Pitol lo hizo muy bien con El arte de la fuga. Era la fragmentación de los textos, la ruptura de géneros literarios, la no inserción dentro de un canon clásico. Ahora la combinación de géneros se está volviendo como moneda corriente, es una moda; pero yo la he cultivado siempre.

Es importante que la escritura que se cultiva no se inscriba en los cánones muy tradicionales. Y que eso no obligue al escritor a claudicar y a escribir como se quiere en el mercado. En ese sentido, me he mantenido coherente”, dice orgullosa.

Algunos de los títulos de su obra de ficción evocan sus intereses: Las genealogías (1981), De la amorosa inclinación a enredarse en cabellos (1984), Historia de una mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador (2005), Saña (2006), Coronada de moscas (2012) y La cabellera andante (2015).

Mis textos son bastante íntimos, pero de otra forma. No se me antoja volver a nada que no sea lo que yo puedo hacer”, dice tajante.

LIBRO DE VIAJES Y ENSAYOS

La autora de Onda y escritura (1971) y Esguince de cintura (1994) adelanta que debe terminar un libro de viajes que lleva años escribiendo. “Tengo que reestructurarlo. Si me da tiempo lo hago de nuevo”.

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Añade que lo mismo le pasó con Por breve herida (2016). “Me tardé 16 años en escribirlo, pero tampoco respondo al mercado. Si no sale una cosa bien, no la publico.

Considera que es fundamental mantener la autocrítica tras cada obra. “Hay muchos escritores que no la aceptan. Estoy releyendo los diarios de Kafka y dice constantemente que tiene miedo de no escribir bien. Y es uno de los más grandes del siglo XX. Ahora todos piensan que escriben muy bien. Creo que si no hay autocrítica no se llega a nada”.

La también promotora cultural y editora anuncia que el sello Sexto Piso le publicará un volumen de ensayos, que está coordinando Ana Negri y tendrá más de 600 páginas. “La idea es reproducir mis ensayos de otra manera, con relaciones diferentes a como estaban publicados. En Argentina saldrá a la luz el libro El texto encuentra un cuerpo, que también son ensayos escritos desde hace tiempo. Todos los géneros son válidos y creativos. Es tan creativo el ensayo como la ficción y la combinación de ambos dentro del mismo texto es fundamental”.

Quien fue agregada cultural de la Embajada de México en Londres (1986-1988) y radicó en Nueva York lamenta que su obra esté poco traducida al francés y al inglés. “No he sido demasiado traducida, porque no he abordado los temas que interesaran a los grandes grupos. Ahora hay escritores jóvenes que trabajan ese tipo de tópicos y son muy traducidos. Se elige y se aceptan las consecuencias”, señala.

Margo Glantz indica que sigue produciendo obras de ficción, en las que enfrenta a la escritura “con cuidado y rigor”; pero que ya investiga poco. “También las redes empiezan a cansarme, acaban siendo una especie de esclavitud, además son muy ambivalentes y funcionan políticamente muy incorrectas”, apunta quien ha sido muy activa en Twitter.

Cuenta que este año viajará a Perú, Berlín, España, París, Costa Rica y Guatemala para participar en diversas ferias de libros, conferencias y coloquios. Y que dedicará tiempo a ordenar su archivo. “Mi acervo hasta 2007 ya está en la Universidad de Princeton. Ahora voy a mandar el resto, las cartas y las diferentes versiones de mis textos”, finaliza.