José Sarmiento Bravo, Director General in Memoriam

David Miklos, define lo femenino como punto de partida en su propuesta literaria

CIUDAD DE MÉXICO.

Hace 11 años, David Miklos (1970) hizo contacto con su madre biológica, Jean Elizabeth. El escritor, nacido en San Antonio, Texas (EU), quien siempre ha vivido en México, ya sabía que era adoptado; pero el encuentro físico con su progenitora, con el “útero”, como escribe en la dedicatoria de su nuevo libro, cambió su vida e, incluso, su forma de escribir, por lo que decidió reconstruirse como narrador.

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Tuve una relación bastante breve con ella, porque la encontré en 2009, nos empezamos a escribir, la conocí en 2012 y murió en 2017, hace tres años”, comenta en entrevista.

Por esta razón, el novelista retomó su idea de convertir en una sola historia, “diferente”, lo que llama la trilogía del origen, integrada por sus tres primeras novelas, La piel muerta (2005), La gente extraña (2006) y La hermana falsa (2008).

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Miklos define a su título más reciente, Residuos (Dharma Books), como un redivivo y a la vez un muerto viviente.

Es una especie de gran obituario, pero ya con cara y conocimiento de causa. Cuando escribí estos libros tenía documentos, sabía parcialmente de dónde venía, cuál era mi historia socio-médica; pero conocer a mi madre biológica terminó de redondear esto. Para hacerlos, me había basado en una fantasía que de pronto se volvió una realidad”.

 

 

Explica que cuando terminó la trilogía se dio cuenta que “siempre la pensé como un solo libro y a veces hasta me arrepentía de haberla publicado de manera separada. Pero cuando se lanzó la primera novela, no sabía que existiría la tercera.

Ahora sé que funciona como una sola historia. Cuando escribo un texto, lo imprimo, lo vuelvo a escribir, le doy muchos tratamientos antes de entregar la versión final. Fue como hacer la versión final de la versión final, todo un plus. Pasados 15 años, uno lee muy distinto lo que escribió y la distancia es tanta que se puede trabajar de manera desapegada”, agrega.

El egresado de Relaciones Internacionales de la Universidad Iberoamericana cuenta que, en esta revisión de sus primeras novelas, descubrió que “todo origen acaba siendo una ficción, es algo que nos cuentan y luego nos contamos a nosotros mismos”.

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Añade que lo femenino siempre ha sido el punto de partida de su propuesta literaria.

La capacidad de la mujer de generar vida, a pesar de los giros que tome la existencia. Comprendí que la sangre tiene un peso relativo en las construcciones familiares, uno hereda algo mucho más grande que un mero código genético”.

Quien trabaja en la Dirección de Historia del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) desde hace 16 años exploró la memoria, en la que también encuentra ficción. “La memoria es orgánica, germina y va teniendo ramificaciones; luego, algunas de las ramas se pierden, pero se generan nuevas; es un vínculo dúctil, maleable. Al ser dicha, la memoria es una ficción, porque la estamos diciendo en un momento cuando lo que recordamos ya no está ahí”.

Residuos se publica en la colección Combate a 10, de Dharma Books, que propone el enfrentamiento de los escritores con su propia obra, “en un boxeo de sombra”.