José Sarmiento Bravo, Director General in Memoriam

Conoce al ilustrador Israel Barrón, ganador de Placa de Oro en Bienal de Bratislava

 

 

Diario de Xalapa

 

México es un país de contrastes, visibles en prácticamente todos los ámbitos. Por eso no resulta sorprendente que haya personajes célebres como André Breton que en su momento (1938) lo hayan definido como el más surrealista del mundo.

Y es que ni cómo contradecir a Breton cuando ahora más que nunca ese adjetivo cobra una fuerza inusitada. Por poner sólo un ejemplo basta mencionar que hace unos días, mientras en Xalapa algunos hablaban de un escenario que parecía sustraído de una película de terror —tres cuerpos decapitados fueron colocados a un costado de un céntrico parque con sombreros que tenían motivos patrios—,  había también grupos de personas organizándose para reunir víveres que serían entregados a damnificados por los sismos. Otros estaban ocupados en buscar a sus seres queridos desaparecidos y unos más lloraban por la muerte de sus familiares ocurrida en deslizamientos de tierra provocados por el huracán Katia.

En medio de este escenario, hubo brillos alentadores. El mexicano Guillermo del Toro  se convirtió en el tercer hispano en ganar el León de Oro del Festival de Cine de Venecia, por su película La forma del agua; Leonardo Ariel Garcíajoven estudiante de bachillerato que participó en la XXXII Olimpiada Iberoamericana de Matemáticas, se colgó la medalla de oro, y el artista Israel Barrón obtuvo una de las cinco Placas de Oro que otorga la prestigiosa Bienal de Ilustración de Bratislava celebrada desde 1967.

El jurado de esta Bienal, organizada por el Ministerio de Cultura de la República Eslovaca, la Comisión Eslovaca de la UNESCO y la Casa Internacional del Arte para niños, reconoció a Israel Barrón por sus ilustraciones en el libro Bestiario de seres fantásticos —la historia es autoría de Norma Muñoz Ledo—, al ser sus obras “un reflejo del folclore mexicano”.

Barrón se convirtió así en el cuarto mexicano premiado por esta Bienal, antecedido por Carlos Pellicer (1985), la editorial Cidcli  (2011)  e Irma Bastida (2013). Este año, por si fuera poco, fue el único ilustrador de Iberoamérica considerado para las codiciadas placas.

El nombre de Israel Barrón ahora aparece en Internet citado por medios naciones e internacionales, pero ¿quién es? ¿Cuáles son sus orígenes? ¿Por qué está dedicado este texto a él? Esta última interrogante es la que tendrá respuesta primero: vive en Xalapa, Veracruz, donde se edita este medio informativo.

 

Israel Barrón, los inicios

Israel Barrón nació en Pachuca, Hidalgo, en 1974, de donde fue llevado al Estado de México. Como cualquier otro niño, antes de empezar a escribir y a leer, dedicó buen tiempo al dibujo. Y aunque sus padres no tenían  una idea de cómo encauzarlo hacia el camino de las artes, nunca faltaron el papel, el lápiz, las crayolas, los colores, nos dice en una plática sostenida en la Galería de Arte Contemporáneo de Xalapa, centro cultural donde actualmente se desempeña como director del espacio.

Amable y de amplia sonrisa, Israel transmite la alegría de la gente que hace lo que le gusta. Habla, habla mucho, y hasta parece difícil creer que de niño la timidez lo haya llevado al dibujo como un refugio, para después ser una estrategia para socializar, para sentirse aceptado por los otros. “Nunca fui un niño de juegos en equipo, no  jugaba futbol o basquetbol. Era un niño un tanto aislado y uno de mis placeres era ponerme a dibujar, además de que generaba cierta confianza en mi carácter”.

De sus primeros recuerdos sobresale uno especial: “aunque ahora es  políticamente incorrecto decirlo, desperdiciaba mucho papel. En una hoja en blanco ponía un  puntito y probablemente para mí significaba algo, por lo cual toda la hoja no debía ser intervenida. Mi mamá se alteraba y me pedía que ocupara todo lo demás, pero mi papá  mediaba y decía que si yo creía que mi dibujo estaba completo, estaba bien”.

 

Formación profesional

Israel se considera una persona privilegiada porque en su infancia nunca le faltó material para sentirse estimulado, y aunque  de pequeño no fue a una escuela de dibujo, a los 16 años descubrió una academia de pintura no muy lejos de donde vivía —para ese entonces había vuelto con su familia a Pachuca—; sin dudarlo, pasó a platicar con un maestro y a la siguiente semana ya estaba tomando clases, porque si algo agradece es que su padre apoyaba todo lo que tuviera que ver con el estudio. “Aunque no lo entendiera o no le pareciera interesante, si se trataba de estudiar, todo quedaba justificado y siempre había apoyo económico. Yo sé que si hubiera propuesto karate, danza, canto, lo que se te ocurra, él lo habría pagado”.

En la Academia, Israel se da cuenta que se podía dedicar al arte  a un nivel  profesional —acepta que antes no sabía que la carrera de Artes Plásticas fungía como tal—. “Siempre pensé que un pintor o un artista hacía otra cosa y paralelamente desarrollaba un trabajo creativo. Y tenía esta idea porque en mi familia nadie se dedicaba al arte ni había un interés por visitar museos. Empecé a visitarlos en la Ciudad de México y ya cuando tenía 17 o 18 años”.

Por invitación de su tío se traslada a Xalapa. Es en este lugar donde ve que si bien no son muchas, “sí hay alternativas con las cuales puedes vivir a través del arte. No solamente por la obra, que es el cliché que a veces tienen las familias y  que les llena de espanto saber que sus hijos  quieren estudiar arte.  El medio artístico es mucho más diverso, laboralmente hablando, que solamente eso”.

 

Obra personal

De 1994 a 1999, Israel estudia en la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana en la opción Pintura. Al concluir sus estudios, compagina la docencia con la creación de su obra personal, pintura figurativa con la que se da a conocer como un artista lúdico y con gran sentido del humor.

En sus obras le gusta incluir textos, porque le parece que la tipografía es un elemento que le da otra lectura al cuadro y porque siente que la persona que lo ve, lo entiende a través de las imágenes, pero después, con la frase, es posible que halle una segunda ruta.

“La literatura nunca ha estado tan alejada de mi obra. Lo que yo no sabía era que después la obra iba a estar basada en la literatura”.

 

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