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enero 12, 2018

Redes de valor agrícolas sustentables

ANGÉLICA FERMOSA GÓMEZ. EL ECONOMISTA.

El cambio climático representa un gran reto para la mayoría de las actividades económicas. En la última década los gobiernos, las empresas y los individuos han integrado en sus actividades el interés por una menor degradación de los recursos naturales y por la generación de productos que no afecten al medio ambiente

En el marco de la firma de las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (Intended Nationally Determined Contribution), México tiene el compromiso para el año 2030 de abordar el cambio climático bajo dos componentes: mitigación y adaptación, tanto para reducir emisiones de gases de efecto invernadero, como de contaminantes del clima de corta vida.

Para su cumplimiento, la estrategia nacional se basa en: 1) la protección contra los impactos adversos del cambio climático y 2) fortalecer la capacidad de adaptación a los cambios en los grupos más vulnerables.

De esta manera, la adaptación al cambio plantea una oportunidad para fomentar medidas y acciones, pero también plantea retos importantes para las actividades y sistemas productivos.

En específico el reto para sectores como la agricultura y ganadería, silvicultura, uso de la fauna silvestre, acuicultura, pesca, minería y turismo es grande, ya que tienen como principal insumo el uso de los recursos naturales y el trabajo de población más vulnerable.

Estas actividades requieren cuidar el recurso natural y, de igual manera, deben mantener e incrementar los volúmenes de producción, mantenerse competitivas, generar ingresos para la población y a la vez satisfacer una necesidad por productos y servicios con el menor impacto ambiental y social. Es decir, requieren generar proyectos sustentables en la expresión más amplia siendo rentables, tener beneficios ambientales y que puedan tener cobeneficios sociales.

La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad considera tres dimensiones para definir la sustentabilidad: económica, social y ambiental. Un proyecto sustentable será evaluado por criterios de gobernanza y desarrollo local, sostenibilidad económica y administrativa, conservación de la biodiversidad, uso sustentable de los componentes de la biodiversidad (suelo, residuos, agua, energía) y distribución de beneficios.

En las actividades agropecuarias el enfoque de red de valor se vuelve fundamental para que las empresas productivas encaminen sus objetivos y puedan consolidar sus proyectos como sustentables. Desde la actividad de siembra, mediante las buenas prácticas de cultivo, es posible incrementar el valor al producto y otorgarle ventaja comparativa e incluso obtener certificaciones por el método de producción utilizado o el uso de paquetes tecnológicos menos degradantes al medio ambiente. El producto resultante se transmite a los siguientes eslabones de la red quienes deberán adaptar sus procesos a los requerimientos del mercado.

En la siguiente sección de esta nota, comentaré las diferentes posibilidades con las que cuentan las empresas del sector para lograr redes sustentables.

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En la primera parte comenté que, ante la tendencia de generar estrategias de mitigación y adaptación al cambio climático, las actividades de sectores como el agropecuario se enfrentan al reto de mantenerse competitivos y satisfacer mercados nacionales e internacionales demandantes de productos menos degradantes de los recursos naturales

En esta escala se llega a considerar incluso a empresas cuyo objetivo sea producir bienes de consumo con alto contenido nutricional u orgánicos.

Sin embargo, el esfuerzo de una empresa puede desaparecer si el siguiente eslabón de la cadena no adopta medidas de control similares o si llega al mercado final sin la certeza de los medios de producción utilizados por eslabones anteriores fueron adecuados.

El enfoque de redes de valor sustentable se refiere a la sucesión de actividades económicas entre productores, proveedores, comercializadores, consumidores que toman en cuenta su entorno, las regulaciones en la materia y su impacto tanto social como ambiental, además del producto resultante.

En este marco de acción, a nivel internacional el papel de la banca de desarrollo se está enfocando en dirigir recursos para financiar proyectos en materia de agricultura, agua, construcción sustentable, eficiencia energética, energía, transporte limpio, manejo de residuos, uso de subproductos, entre los principales. FIRA, en su misión de promover el desarrollo sustentable del campo mexicano, explora los diversos mecanismos financieros disponibles para impulsar a los proyectos productivos en el sector agroalimentario mexicano que tengan un alto impacto ambiental positivo.

Nuevos instrumentos financieros se convierten en opción para promover proyectos encaminados a proteger, restaurar y rescatar el medio ambiente. Las oportunidades de redes de valor sustentables apoyan la mitigación de riesgos, mejores condiciones laborales y de seguridad, aporta a disminuir un alto porcentaje de emisiones de gases de efecto invernadero; además de promover la modernización para elaborar productos más saludables y nutritivos, desde la perspectiva de negocios económicamente viables con alto impacto regional.

*Angélica Fermoso Gómez es especialista en la Subdirección Técnica y de Redes de Valor de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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